LA CRISIS INMOBILIARIA NORTEAMERICANA Su impacto en el Perú

“Cuando la economía de los Estados Unidos estornuda, a las nuestras les da pulmonía”. Esta conocida frase no sólo alude al hecho de pertenecer al concierto de la economía global sino en particular a los altos niveles de dependencia y vulnerabilidad que históricamente hemos tenido en relación a dicho país. Pues bien, en los últimos meses la situación de las finanzas norteamericanas ha presentado problemas frente a los cuales es necesario que América Latina y en nuestro caso el Perú, ponga atención para desarrollar estrategias que nos mantengan a buen recaudo. Especialmente ahora que nos une un Tratado de Libre Comercio. Pero, sin embargo, ahora los países emergentes como Perú tienen más reservas, no tienen un déficit grande de cuenta corriente, la mayoría son exportadores de materias primas y les está yendo muy bien. Han reducido la inflación, la deuda pública como porcentaje del PIB ha caído. Es decir, son mucho menos vulnerables externamente.

Lo que ha ocurrido es una crisis o caída de la llamada “burbuja hipotecaria” que alimentó durante varios años un significativo crecimiento económico estadounidense. El mercado inmobiliario se extendió enormemente y los bancos se lanzaron a vender carteras hipotecarias a agentes financieros no bancarios. Dichos agentes, apoyados en estas garantías provenientes de la capacidad de pago de las hipotecas, colocaron créditos a través de derivados financieros sin ningún tipo de supervisión o regulación, en los llamados clientes “subprime” (personas sin niveles suficientes de solvencia ni liquidez).

Cuando después se presentó morosidad en los pagos por parte de estos deudores “subprime”, el sistema comenzó a tambalearse. Ante los inminentes riesgos, la tendencia de los actores financieros fue cerrar o restringir los créditos iniciándose así el proceso recesivo. Para neutralizar esta crisis, la Reserva Federal (FED) redujo la tasa de interés, inyectó a su mercado financiero miles de millones de dólares a fin de que los operadores tengan liquidez y últimamente ha intervenido a las dos más grandes inmobiliarias norteamericanas que ya estaban haciendo agua.

Un poco de historia
Pero, ¿sabemos qué es realmente la crisis subprime y como se originó?. A mediados del 2000, EE.UU. se encontraba en medio de la crisis “dot.com”, luego que estallara la burbuja que se había generado en el mercado tecnológico, llevando al índice Nasdaq por los suelos y a la economía norteamericana a una recesión. Ante tal panorama, la Reserva Federal estadounidense (Fed) decidió disminuir la tasa de interés de referencia con la intención de reactivar el nivel de actividad, a través del estímulo en el consumo gracias a un abaratamiento de los créditos. Así, dicha tasa llegó a ubicarse hasta en 1%, y se mantuvo por debajo del 2% desde inicio del 2001 hasta fines del 2004. Esta medida generó una distorsión en los mercados de crédito, avivando un incremento desmedido de los préstamos a costos mínimos nunca antes vistos en Estados Unidos. En ese contexto, el mercado inmobiliario inició una etapa de fuerte crecimiento, impulsado por los mayores precios de las casas y por los créditos hipotecarios más baratos, lo que propició que la adquisición de bienes raíces se convierta en un buen atractivo para la inversión para las familias norteamericanas. Los negocios de Real State estaban en su furor.

Dado este escenario, emergió el principal detonante de la crisis, que fue el aumento acelerado de los créditos de alto riesgo, o “subprime”. Este tipo de crédito es otorgado a las personas que tienen un deficiente historial de pago de sus préstamos, por lo que no califican para las mejores tasas del mercado. Las colocaciones de las hipotecas subprime pasaron de poco menos de US$ 100,000 mills. en el 2002 hasta más de US$ 600,000 mills. en el 2006. Según Moody’s, lo que para ese año equivalía a más del 20% del total en el mercado de préstamos en los Estados Unidos. Por otro lado, estos tipos de crédito eran utilizados para crear nuevos vehículos o instrumentos de inversión, como los CDO’s (collateralized debt obligation), los CLO’s (collateralized loan obligation), CMO’s (collateralized mortage obligations), entre otros. Estos derivados financieros presentaban una alta complejidad en su estructura, y aparentemente permitían obtener a los inversionistas altas rentabilidades con un riesgo bastante controlado. Además, las calificadoras de riesgo otorgaron excelentes notas a estos instrumentos, exacerbando la demanda por tales activos por parte de bancos, fondos e instituciones financieras de todo el mundo.

De esta manera, en el 2006 se empezaron a sentir los primeros estragos de esta burbuja, con una caída precipitada de los precios de venta de casas nuevas. Ello, sumado a las mayores tasas de interés (la FED empezó a endurecer las condiciones crediticias en junio 2004 ante indicios de inflación) generó una ola de incumplimientos en los créditos hipotecarios subprime y derivó finalmente en una caída en el valor y por tanto una contracción importante en la liquidez de todos los derivados financieros que tenían en su composición a estas hipotecas de riesgo. Sin embargo, los golpes más duros del crack hipotecario se sintieron a finales del 2007 y comienzos de este año.

La reacción norteamericana
Ante tal panorama, el gobierno norteamericano ha venido aplicando distintas políticas que estimulen la economía, basados principalmente en el asistencialismo a los ciudadanos y en la regulación de los mercados financieros, pero no se han conseguido los resultado esperados. El primer paquete de medidas del gobierno de Bush fue promulgada a fines de agosto del 2007 e iba orientada, principalmente, a favor de los deudores del mercado inmobiliario. Ya en enero del 2008, se puso en marcha una nueva serie de decretos de carácter tributario, en el que se contempló el reintegro de una parte de los impuestos pagados por los ciudadanos de la siguiente manera: devolución de US$ 600 a cada individuo contribuyente, US$ 1,200 en caso de que los contribuyentes formen una pareja y US$ 300 adicionales por hijo. Así, en total se devolvería más de US$ 150,000 mills. en impuestos, y 130 millones de contribuyentes calificarían para este reembolso. Finalmente el último paquete de reformas fue dado a conocer a finales de marzo del presente año, y se caracterizó por tratarse de medidas de aplicación gradual y que apuntan a transformar de manera importante la normativa reguladora del mercado financiero.

Antecedentes
Hace un poco más de un año Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, pronosticó que había un tercio de posibilidades de que Estados Unidos se estuviera encaminando hacia una recesión económica, y por aquel entonces mucha gente lo tildó casi de terrorista económico. A fines del año pasado cada vez más eran los comentaristas de opinión económica mundial que se plegaban a las proyecciones del ex presidente de la FED ya que la preocupación aumentaba al ver que el dólar caía a diario. Pues la recensión norteamericana se hizo inminente en marzo de este año, luego de la crisis hipotecaria los tiempos se aceleraron y esa fue la gota que rebalso el vaso, aún cuando en Estados Unidos no quieran todavía decir que ya están en recesión, pero, no se puede tapar el sol con un dedo. La pérdida de terreno del dólar fue el primer indicio de que la confianza hacia la divisa norteamericana no era la misma ya que los inversores buscaban otras opciones de inversión antes de refugiarse en el dólar, que años atrás era la moneda indiscutida más fuerte del mundo.

Actualmente, las cosas han cambiado de manera dramática, los Bancos Centrales de las naciones que más reservas en dólares atesoran evalúan diversificar sus reservas e incluso algunos ya lo han hecho. La OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), también había evaluado meses atrás cambiarse al euro para realizar la venta de petróleo para que el crudo no pierda valor, pero gracias a Arabia Saudita, esta modificación fue frenada. De haberse concretado hubiese sido una catástrofe para la economía norteamericana.

Lo cierto es que el dólar vino declinando su valor desde principios del 2002. En este período cayó un 25% en relación a las divisas extranjeras mas importantes como el euro, o el yen, según un índice realizado por la Reserva Federal. En la actualidad los inversores están buscando refugio en las divisas fuertes y también en lo que se llama divisas menores como el real brasileño, ya que el fuerte crecimiento que han tenido las economías de América Latina en estos últimos años ha impulsado el valor de su moneda y los inversores ven esto muy atractivo.

La ironía de la economía mundial
Resulta algo irónico pensar que mientras a los países de América Latina, el Fondo Monetario Internacional le exige una serie de medidas disciplinarias y correctivas del gasto y “ajustes estructurales” con topes muy severos de déficit fiscal, no se trata nunca con el mismo escalímetro a quien hoy es el primer deudor del mundo. No hay que olvidar que la deuda total norteamericana, en cifras oficiales y esto no ha cambiado sustantivamente a la fecha, era a fines del 2007 mayor al producto bruto mundial y equivalía a más de tres veces el producto bruto interno (PBI) norteamericano y cuyos altísimos déficit fiscales constituyen un atentado al equilibrio de la economía del mundo.

Por otro lado no debemos dejar pasar por alto el hecho de que más de la mitad de la deuda externa de EEUU es con China, país que está buscando deshacerse rápidamente de los Bonos del Tesoro norteamericano que posee, lo que significa colocar más dólares en el mercado mundial precipitando aún más la tendencia a la baja de esta divisa.

Frente a la actual depreciación del dólar norteamericano, diversos y conspicuos economistas se han pronunciado aseverando que hoy asistimos a la muerte del patrón del dólar, como luego de la segunda guerra mundial fue la muerte del patrón del oro y en 1971 la muerte del patrón dólar-oro. Por otro lado, no dejemos de lado que la industria e inversiones militares en Estados Unidos constituyen una de las principales fuentes de expansión de su economía, lo que tiene relación de una manera perversa con las estrategias de guerra e intervencionismo de su actual gobierno, que la mayoría de la humanidad rechaza.

Según el informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) aparecido la semana antepasada, el próximo año la crisis se agravaría debido a la combinación en el alza de los precios de alimentos y combustibles; sin embargo, hay detalles esperanzadores. La UNCTAD cree que el riesgo de la inflación se ha sobrevalorado, debido a que la desaceleración detendrá la presión inflacionaria y los productos básicos, así como los precios del petróleo se estabilizarán dentro de los niveles actuales. El secretario general de la UNCTAD, Supachai Panaithchapadki, dijo que tanto ricos como pobres deben “desconfiar” de las alzas en las tasas de interés para disminuir la inflación. ¿Deberíamos fiarnos del reporte de la UNCTAD?, que, si esta bien traducido, a la letra dice: “En las condiciones tan frágiles en las que se encuentra la economía global, las medidas para reforzar las políticas monetarias, podrían exacerbar la desaceleración de la economía mundial”. Como podemos observar, además de esta misiva, la debacle de la economía norteamericana trae cola y larga. Ya se está hablando de la estanflación en la economía. Es decir, palabra compuesta a partir de stagnation, estancamiento, e inflation, inflación; e indica el momento o coyuntura económica en que, dentro de una situación inflacionaria, se produce un estancamiento de la economía y el ritmo de la inflación no cede. La economía de nuestro país no tiene estas características aún, pero la economía global sí. ¿Cómo es posible que la ineficiencia en el trato de la economía de una país cono EE.UU. tenga tanta repercusión en las economías del mundo?. La respuesta es simple, porque toda la vida hemos dependido de ella. Podemos cambiar este asunto, lo dudamos.

Cómo nos afecta la crisis norteamericana
Ante este sombrío panorama, ¿de que manera esta crisis afecta a la economía peruana? Podemos mencionar dos perspectivas: la primera, viene por el lado del diferencial de las tasas de interés interbancarias, lo cual ha incidido en el comportamiento del tipo de cambio; y la segunda perspectiva, mediante el contagio en los mercados financieros. Producto de políticas monetarias contrapuestas, el diferencial de tasas de interés de referencia entre EE.UU. y el Perú se ha ampliado fuertemente (a junio, la tasa de referencia norteamericana estaba en 2% mientras que la peruana era de 5.75%), lo que llevó a que muchos capitales especulativos foráneos entraran al país para aprovechar las oportunidades de rentabilidad ofrecidas por tal diferencial, además de apostar a una mayor devaluación del dólar frente al sol, dada la mayor fortaleza de la economía peruana. El flujo de moneda extranjera entrante elevó el nivel de liquidez en dólares en el mercado monetario local, lo que generó un desplome del tipo de cambio en el país. Asimismo, el fortalecimiento del nuevo sol frente al dólar ha producido que el valor nominal de las exportaciones peruanas se encarezcan, y que a su vez las importaciones provenientes de EE.UU. se abaraten. En los últimos meses se observa una leve desaceleración en el ritmo de las exportaciones junto a una aceleración importante de nuestras importaciones, lo que como es lógico ha venido reduciendo el superávit de nuestra balanza comercial.

Por otro lado, el mercado financiero local también se ha visto afectado por el difícil momento que atraviesa la economía norteamericana. El efecto en las cotizaciones bursátiles fue inmediato. Recordemos que en el 2006 la Bolsa de Valores de Lima obtuvo una rentabilidad anual que llegó a 168.30% en su Índice General y 188.49% en su Índice Selectivo, mientras que el 2007, año en el que empieza con fuerza la crisis hipotecaria, la rentabilidad en ambos indicadores se redujo a 36.02% y 31.03%, respectivamente, tras presentar una alta volatilidad a lo largo del año. Más aún, en lo que va del 2008 la plaza bursátil local viene presentando ciertas pérdidas. Así, al 17 de junio del presente año, el Índice General acumuló un rendimiento de –4.74% mientras que el resultado del Índice Selectivo llegó a -5.75%. El panorama sombrío que atraviesan los mercados financieros mundiales producto del crack financiero norteamericano (el Dow Jones ha perdido 8.33% entre el cierre de diciembre de 2007 y el 17 de junio del presente año, mientras que el Nasdaq se contrajo en 7.34% en el mismo período) ha venido afectando negativamente las expectativas de los inversionistas locales, influenciando claramente en el desempeño de la bolsa limeña. Sin embargo, estos resultados son menores si se comparan con el desempeño de otras bolsas mundiales, como la de Londres (-9.21%), Frankfurt (-15.76%), Paris (-16.53%), Hong Kong (-17.10%) y Shanghai (-47.00%).

No tenemos un blindaje ante los diversos shocks económicos externos que ocurren cada cierto tiempo, menos aún si éstos se producen en un importante socio comercial. La coyuntura actual que vive el país, con un crecimiento de la producción sólido y sostenido, indicadores macroeconómicos en azul, acuerdos comerciales firmados y otros en agenda, y el reciente otorgamiento del grado de inversión, nos hace pensar que la actual crisis financiera norteamericana no tendrá mayores efectos ni generará fluctuaciones importantes en nuestro nivel de actividad.

Las medidas drásticas decretadas por el Banco Central de Reserva del Perú con la intención de detener la entrada de capitales extranjeros especulativos de corto plazo, realmente produjo los resultados que se esperaban, frenando por ende la caída del tipo de cambio, aunque también ha generado un desequilibrio temporal en el mercado local de dólares. De igual manera, se espera que la Bolsa de Valores tenga un mejor desempeño en este último trimestre del año, y llegue a un nivel de rentabilidad del 20% al finalizar el 2008, apoyada en los resultados positivos que se espera reporten las empresas nacionales.

Prospectiva
No esperamos una recuperación del sector financiero hasta por lo menos fines del 2009, o más tarde quizás. Eso dependerá mucho de los resultado de la elección de noviembre. Estos son los escenarios: si los Demócratas ganan la Casa Blanca y aumentan su margen de escaños en el Senado, habrá un plan de rescate mucho más agresivo para los dueños de casas con seguridad. Si sale elegido un Republicano para la Casa Blanca y los Demócratas mantienen el control del Senado y la Cámara de Representantes, se mantendrá una lucha de poder que congelaría cualquier plan de rescate para los dueños de las casas. En ese caso la recuperación de los precios de las casas y del sector financiero se dilatarán más tiempo.

Por todo esto y dado el eficiente trabajo de las instituciones responsables del manejo de la economía peruana, podemos ser optimistas todavía y esperar convencidos de que las perspectivas positivas establecidas para nuestro país no variarán significativamente en el futuro ante la recesión de la otrora nación más poderosa del mundo.

Fuente:
Investigación y Gestión Consultores

Vea:
El Origen de la Crisis Economica Global (I)
El Origen de la Crisis Economica Global (II)
El Origen de la Crisis Economica Global (III)

Hipotecas y Casas

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